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Historia y datos que (quizá) no conocías sobre

el Edificio Central

El Edificio Central de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí es uno de los recintos no religiosos más antiguos de la capital potosina.

 

Su estilo arquitectónico se identifica como neoclásico-ecléctico, y a lo largo de su historia, el inmueble ha sido sometido a numerosos cambios en su aspecto, pero hasta el día de hoy se mantiene como uno de los más bellos y emblemáticos de la ciudad.

 

Entre las curiosidades relacionadas con el Edificio Central de la UASLP, se incluye el hecho de que en las últimas dos décadas del siglo XIX y los primeros años del siglo XX albergó un Museo de Historia Natural, en el salón que actualmente ocupa la Sala de Consejo Universitario "Manuel María de Gorriño y Arduengo".

 

Además, en 2009, se depositó en el patio central una cápsula del tiempo para celebrar los 150 años del Instituto Científico y Literario, misma que contiene documentos universitarios y que serán recuperados en el año 2059.

 

Un poco de historia

La construcción del inmueble data de mediados del siglo XVII y en ese entonces albergó al Colegio Jesuita, cuyo funcionamiento abarcó de 1624 a 1767.

 

Desde su diseño original se planeó un amplio patio, uno de los más grandes entre los inmuebles existentes en aquella época.

 

En la primera planta se edificaron corredores decorados con arcos de medio punto y robustos pilares para sostener bóvedas de media naranja.

 

En aquella época, la fachada tenía un aspecto de convento, con ventanas cuadradas y protegidas por sólidas rejas de hierro.

 

En 1767 los jesuitas fueron expulsados y el inmueble se utilizó como colegio de niños y cuartel militar, hasta que en 1826, el gobernador Ildefonso Díaz de León determinó que en ese edificio se estableciera el Colegio Guadalupano Josefino, cuyo primer rector fue Manuel María de Gorriño y Arduengo.

 

Cuando el colegio cerró sus puertas, la construcción fue ocupada durante cuatro años por el Seminario Conciliar, hasta que en 1859 se estableció que ahí se encontraría el Instituto Científico y Literario.

 

El gobernador Sóstenes Escandón inauguró el instituto en 1861 y años después el inmueble sufrió cambios importantes, entre ellos, la modificación de la fachada, adquiriendo en 1874 el estilo arquitectónico con el que hoy la conocemos.

 

Además se abrieron los claustros del segundo piso y se construyeron los corredores que ahora existen.

 

En 1895, durante la gestión del gobernador Carlos Diez Gutiérrez se construyó el segundo patio del instituto y en 1922, los corredores de la planta baja fueron pavimentados con mosaico.

 

Entre los cambios ocurridos a lo largo de los años en el patio central, se incluyó la construcción de una fuente con forma de estrella. Esa obra se realizó en los años 30, pero en 1954, durante el rectorado de Manuel Nava Martínez fue reemplazada por la fuente circular que actualmente decora el centro de dicho patio.

 

Proceso de restauración

 

En 1997, durante la gestión del rector Jaime Valle Méndez, arrancó un proyecto de restauración en el que, entre otras cosas, se privilegió el interés por devolver al Edificio Central sus características espaciales, constructivas y expresivas.

 

Los trabajos se dividieron en cuatro etapas:

 

En la primera se restauró la fachada, lo que incluyó labores de aplanado en la zona del reloj, para resaltar el decorado de cantera. Además se recuperaron los colores originales, para igualar los tonos y se limpió la cantera. A ello se sumaron obras gubernamentales en la Plaza de Fundadores, mismas que incluyeron el retiro de cableado y la ampliación de la banqueta contigua al Edificio Central.

 

En la segunda fase se trabajó en el patio central, donde se buscó recuperar el nivel original del piso y se restauraron las columnas; éstas últimas implicaron un gran reto, pues se encontraban muy deterioradas por las sales minerales del subsuelo, debido a que en el centro de la ciudad, los mantos freáticos están muy arriba y la humedad buscaba por dónde salir, pero como el patio tenía un firme de concreto, su única vía era la cantera de las columnas.

 

El piso del patio se sustituyó por cantera, que posee una mayor porosidad. Además se liberaron unos 40 centímetros de piso para llegar al nivel original y ello devolvió al edificio sus dimensiones reales.

 

En las columnas se insertaron piezas de cantera nuevas para reemplazar aquellas que se encontraban muy deterioradas.

 

Aparte, se efectuaron reinstalaciones de energía eléctrica y drenaje, eliminando canales de agua, así como la decoración interior de la fuente, con mosaico veneciano y la reparación y limpieza de los pináculos o jarrones ubicados en la parte superior del recinto.

 

Durante la etapa 3 se trabajó en mejorar la planta alta y la pintura mural, esto último con el afán de recuperar vestigios decorativos de distintas épocas.

 

También se cambió el piso de la planta alta, sustituyendo la pasta de cemento con cantera. Asimismo, se reemplazaron las puertas de hierro y vidrio con otras hechas de madera y se restauraron los marcos de cantera, incluso se fabricó uno nuevo para la puerta que conduce hacia la azotea.

 

En la etapa final se restauraron los interiores, donde también se encontraron algunos detalles artísticos, así como unos nichos que anteriormente funcionaban como accesos a los confesionarios del templo de la Compañía.

 

La restauración del Edificio Central recibió en el 2003 el Premio Nacional Francisco de la Maza al mejor trabajo de conservación del patrimonio arquitectónico otorgado por el INAH.