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De los jesuitas al Colegio Guadalupano Josefino

 

La escuela de primeras letras, tanto para niños como para niñas abrió sus puertas a principios del siglo XIX, pero durante la Guerra de Independencia los planteles fueron cerrados y el edificio contiguo a lo que ahora es la Plaza de Fundadores fue utilizado como cuartel.

 

Una vez concluida la Independencia, el Estado recuperó el edificio y el primer gobernador potosino, Ildefonso Díaz de León planeó una escuela de estudios superiores, para lo que pidió apoyo a ciudadanos acaudalados.

 

En 1826 se inauguró el Colegio Guadalupano Josefino, con Manuel María Gorriño y Arduengo como primer rector. Entre los aspectos curiosos resalta el hecho de que había clases en latín; por lo regular se seguía el plan de estudios de la escuela de la Ciudad de México y era común que los alumnos no tomaran vacaciones, aunque se les permitía ausentarse cuando tenían buenas calificaciones.

 

Entre los estudiantes del Colegio Guadalupano Josefino destaca Ponciano Arriaga Leija, liberal potosino que practicó el periodismo y se convirtió además en un prominente abogado, al que incluso se le reconoce como el padre de la Constitución de 1857.

 

El colegio tuvo algunos contratiempos. Entre 1830 y 1835 enfrentó complicaciones para la impartición de las clases y cerró sus puertas pero reabrió después de 1840, década en la que también sufrió incertidumbre financiera.

 

En 1855, el edificio pasó a manos del obispado de Michoacán y fue ocupado por el Seminario Conciliar, lo que marcó el fin del Colegio Guadalupano Potosino.